La Raqueta Subversiva XXIV.

José Luis "Tata" Echegaray
10 min readSep 6, 2020

Los “Segundos” de la Historia

Björn Borg

Intro

Hoy veremos a uno de los grandes misterios del tenis. Un súper campeón notable, alguien que se retiró a los 26 años, consiguiendo hazañas increíbles, con personalidad completamente hermética, impasible hasta la exasperación, y con una frialdad letal para lograr triunfos soberbios, algunos de los cuales (ganar 3 años seguidos Roland Garros y Wimbledon) siguen imbatibles.

La respuesta a por qué no lo puse en la lista de los mejores, es que le faltan un par de cuentas en ese imaginario collar de logros que pueden ser los Grand Slams: no ganó nunca el US Open, aunque llegó a 4 finales, y en el Australian Open, solo llegó a tercera ronda.

Por otro lado logró inspirar, y poner en el mapa tenístico mundial, a una nación pequeña en cantidad de habitantes, para lograr no solo el surgimiento de camadas de jugadores (Wilander, Nystrom, Edberg, Soderling), sino también obtener la Copa Davis.

Con Uds. Mr “Ice Man” Björn Rune Borg

Inicios

Inconfundible, su vestimenta Fila, su raqueta Donnay y su vincha

Nació en Estocolmo en 1956, y siendo chico quedó fascinado de una raqueta dorada que su padre se había ganado. Pronto comenzó a practicar con ella sin parar contra las paredes de su casa, o donde fuera. A los 13 ya le ganaba a los mejores de su país en 18 años, aunque su temperamento no era lo que demostró luego. En lugar de su apariencia glacial, tenía arranques de ira (recuerdan a Federer?) y a los 12 años estuvo suspendido seis meses por la Federación Sueca por ello. Su madre le encerró las raquetas en un armario con llave, recordó años más tarde Borg, y agregó que fue esa enseñanza la que le hizo “nunca más abrir la boca”.

A los 15 debutó en la Copa Davis de su país, y ese mismo año ganó Wimbledon en juniors.

Su carrera profesional

“No juego contra un rival, juego contra la bola”

BB, cuando fue preguntado cómo mantenía la serenidad y su temperamento glacial cuando jugaba

Comenzó a jugar en el circuito en 1973 y ya en abril llegó a la final del Abierto de Monte Carlo, donde perdió con Nastase.

Con Lennart Bergelin, su entrenador

En octubre llegó a la final de otros torneos, y en noviembre perdió la del torneo de Buenos Aires, contra Vilas, al abandonar en el 4to set porque se había golpeado un brazo y la cintura al tropezarse con la silla de un juez de línea. Vilas le dijo que lo esperaba para seguir, pero Borg no quiso. A la noche se fueron a cenar y a bailar. Ya lo acompañaba como coach, quien lo había elegido como Capitán del equipo sueco de la Davis, Lennart Bergelin.

Ese año era el N° 18 del mundo y una sensación.

Ya para esa época, Borg era una celebridad: Entre los tenistas porque veían que asomaba un jugador sólido con una fortaleza física increíble, y entre la gente y los medios, como una figura atractiva y misteriosa, con un look de hippie vikingo que deslumbraba a los jóvenes y volvía locas a las fans, incluso las que no jugaban.

En los torneos comenzó a instaurarse un cortejo de guardias para protegerlo del acoso mediático y de chicas que aparecían en los pasillos de hoteles y clubes, en las entradas y salidas, y hasta en lugares insólitos. De hecho, en esa época se acuñó un neologismo para las “groupies” que lo seguían, los medios decían que al verlo, las adolescentes sentían un “Borgasmo”.

En 1978 logró algo que pocos jugadores pudieron en la historia: ganó un Grand Slam, Roland Garros, sin ceder un solo set, pero también consiguió la mejor marca de todas: perdió en 7 partidos a 5 sets, solo 32 games!! De hecho, en la final, Vilas le sacó 5, ya que perdió 6/1, 6/3 6/1

A los 20 años ya había ganado dos veces el Abierto Francés, y en 1976 obtuvo su primer Wimbledon, en el verano inglés más caluroso de la historia (llegó a hacer 41°) con lo que en la segunda semana, la bola picaba más alto que lo normal, ideal para el juego con top del sueco.

Se iniciaba un reinado increíble en el césped con 5 títulos y 94,4% de efectividad allí, y con 79,2% de todos los partidos jugados como profesional!!

En la Copa Davis también tuvo un récord impresionante: 33 victorias consecutivas en singles entre 1973 y 1980.

Su juego se fue perfeccionando, aunque claramente no era vistoso era tremendamente efectivo: una derecha con un top que solo él y Vilas dominaban a la perfección, un revés con dos manos hasta el impacto, pero que luego terminaba con una sola, y sobre todo, una capacidad atlética para moverse por toda la cancha a una velocidad y por un tiempo ilimitado. De hecho, alguna vez reconoció que nunca terminó un partido extenuado.

Nadie pudo lograr como Borg, ganar Roland Garros y Wimbledon el mismo año. Él lo logró tres veces seguidas!

Todo esto era un combo perfecto para desmoralizar adversarios. Incluso enfrentarse a Borg no daba ni para odiarlo, parecía que él solo hacía su trabajo de manera precisa y demoliendo a lo que se le ponía adelante. Prefigurando a Federer, no exhibía emociones. Siguiendo al verso de Kipling inscripto en uno de los pórticos de entrada al court central de Wimbledon, trataba al triunfo y a la derrota “como dos grandes impostores”.

Sus rivalidades con otros jugadores

“Nunca aplaudo o felicito un tiro rival. Solo sigo al próximo punto. Esto es, en algún sentido, como decir: “No me importa cuán espectacular fue el tiro, vas a tener que pegar 2000 más de esos para ganarme”

BB

Tuvo varias, con Vilas, tal vez sobre representada para nuestro ego nacional en lo que hace a la historia del tenis, con Connors, y quizá la más trascendental por las instancias en las que se enfrentaron, por el duelo de estilos y porque uno emergía y el otro ya era un campeón consagrado, con McEnroe.

Con Jimbo compartían el revés a dos manos, la edad y … no mucho más. Connors iba siempre hacia adelante con tiros planos, tenía desplantes con la gente, su comportamiento era a veces indómito, su raqueta, la legendaria Wilson T 2000. Borg, con sus espaldas anchas y encorvadas, su vincha y pelo largo, parecía un vikingo silencioso con un hacha de madera que le imprimía un top a la bola que la hacía curvarse en el aire en trayectorias casi nunca vistas.

Con McEnroe jugó 14 veces con 7 triunfos para cada uno. Eran el agua y el aceite, pero aunque la actitud de Borg parecía igual con él que con cualquiera por su inmutabilidad, la del norteamericano, sí era diferente que con cualquier otro, como dijo luego: “Con él nunca me comporté como un estúpido, le tenía demasiado respeto”.

https://youtu.be/FRSEXm7v3fY final de RG con Vilas

Aquel partido y tie break

La final de 1980 con McEnroe tuvo ingredientes espectaculares en solo un set, pero quedó en la historia con eso solo. El partido fue mediocre, nunca jugaron bien al mismo tiempo, el primer set 6/1 fue fácil para el norteamericano, y los dos siguientes para el sueco. Encima había comenzado con mal clima con las tribunas, porque John fue abucheado por su comportamiento con los árbitros durante la semifinal que le ganó a Connors.

Borg-McEnroe, antes de la final de Wimbledon 1980

Pero el cuarto y, sobre todo, su tie break fue épico: duró 22 minutos. Borg salvó 7 set points y McEnroe cinco match points, con tiros a las líneas de los dos lados, y regados por una concentración que se reflejaba en los ojos casi bizcos del sueco, y en las exteriorizaciones dramáticas del “Superbrat” (Supertarado) como lo había apodado la prensa inglesa al norteamericano, a pesar de que ya era un campeón de Grand Slam.

Ganó McEnroe 18/16 y fueron al quinto set. Todo el mundo suponía que Borg estaría devastado, pero se las arregló para no perder el saque y le alcanzó para quebrar una vez y ganar 8/6 en el quinto. El partido, y el tie break del cuarto en particular, está entre los 10 momentos más gloriosos de la historia del deporte mundial por innumerables fuentes.

Al año siguiente la final se repitió, pero el ganador fue otro. Comenzaba un nuevo reinado…

https://youtu.be/UnwYdF8a5ws

Su retiro y vida privada

Borg yéndose del estadio del US Open luego de perder la final

El abierto de EEUU de 1981 fue el último ganado por un jugador con raqueta de madera, y aunque las nuevas raquetas exigían cambios en el juego, como se vio en las décadas siguientes, el sueco podía hacerlo dadas sus habilidades evidentes, y su contracción al entrenamiento y a la perfección por repetición legendaria. Pero lo que alejó a Borg fue algo interno, el emerger de nuevos jugadores, y una nueva derrota en un Abierto como el estadounidense, en el que había perdido ya tres finales, lo desalentó. Había logrado proezas increíbles, pero ya no tenía el fuego para seguir y cambiar. Nuevos jugadores (McEnroe, Lendl) con otros estilos e instrumentos lo obligaban a desafíos que no estaba dispuesto a asumir.

De hecho, luego de ese partido, no se quedó a la fiesta. Del estadio se fue manejando un auto al aeropuerto, vestido con la misma ropa que jugó.

Tres semanas después se casó con su primera mujer, la rumana Mariana Simionescu, luego de un noviazgo de años. Más tarde su divorcio le costó millones, y volvió a casarse con una cantante italiana que también terminó mal, con acusaciones de excesos e infidelidades.

Luego de 15 años de vida de play boy, Borg pareció tocar fondo cuando estuvo a punto de vender sus trofeos de Wimbledon para saldar deudas, y fue McEnroe quien lo llamó para decirle que estaba loco, que él le prestaba el dinero, y de alguna manera, lo pudo encarrilar.

Hoy Borg recorre los torneos, tiene una marca de ropa, una vida más apacible, con exhibiciones brinda su consejo a promesas del tenis, entre los que está su hijo Leo (quien hizo de él en su juventud en la película “Borg-McEnroe)

Curiosidades

· Borg tenía muchas manías cuando jugaba:

o Dormía con el aire acondicionado al mínimo y con eso lograba bajar sus pulsaciones también al mínimo, en reposo llegaba a tener 29 pulsaciones por minuto, lo cual explica también su increíble capacidad aeróbica.

o Vestía siempre la misma indumentaria cuando jugaba. Tomaba el mismo taxi, o le indicaba al chofer del torneo que hiciera siempre el mismo recorrido para llegar al torneo.

o En el hotel y el club usaba siempre la misma ducha, en la cancha, siempre en la misma silla, y nunca llevaba una toalla, usaba dos, pero no tres.

o La barba no se la afeitaba mientras jugara el torneo, por ello en muchas de las fotos se lo ve con ella: siempre llegaba a las instancias finales.

o Hasta su madre, que era muy rígida, le copió las supersticiones: en un partido de su hijo, estaba mascando chicle. En un momento lo tiró al suelo y Bjorn comenzó a perder, entonces ella no dudó, recogió el chicle y se lo volvió a meter en la boca. Como Borg posteriormente ganó, se reforzó su creencia.

· En 1991, en parte por sus pérdidas económicas y su confusión, Borg intentó volver al circuito luego de 9 años, y quiso hacerlo con sus viejas Donnay de madera. Pero como dijimos, ya todos los jugadores habían hecho la transición hacia las nuevas tecnologías de fibras de vidrio y grafito. Perdió fácilmente con el español Jordi Arrese. Y siguió con varias primeras rondas fallidas durante los siguientes dos años, sin siquiera ganar un partido, desvaneciendo toda el entusiasmo que se produjo con su retorno. Hasta que, finalmente, se dio cuenta, pero como decía el historiador del deporte Bert Sugar: “los grandes campeones piensan que son inmortales, y no saben ver cuando lo suficiente es suficiente

Borg con la ropa argentina DeporHIt en 1973

· Su coach, Leonard Bergelin, le controlaba sus 20 raquetas encordadas con tanta tensión que muchas veces se cortaban solas e incluso en ocasiones el ruido los despertaba en el medio de la noche. En una de las ediciones de Roland Garros, llegó a romper 60 encordados. Muchas veces al llegar al vestuario golpeaba las cuerdas con el marco de otra raqueta, y si no estaban en el sonido que quería las mandaba a encordar con su encordador preferido. Siempre eran 10 las elegidas

· En la final de 1973 que perdió con Vilas, Borg no tenía contrato para jugar en Sudamérica, y usó una marca local ya desaparecida: DeporHit

Conclusión

La historia de Borg, quien se pasea ahora por los grandes torneos con sus 64 años, su pelo cano y eterno bronceado, tiene un final claramente por debajo de la estatura del gran campeón que fue, pero más decente de lo que se veía en que terminaría en los 90.

Menos mal que el recuerdo de que un jugador así alguna vez pisó el césped de Wimbledon, y sus logros, quedan inalterables y en la memoria, que todo lo decora, de quienes lo vimos.

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José Luis "Tata" Echegaray

Entrenador de tenis y pádel. Consultor deportivo en Gestión, Marketing y Comunicación de Deportes de Raqueta. Periodista e Investigador. Ex profesional